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Quiero dejar algo muy claro desde el corazón: mi intención no es quedarme con el niño(a). Al contrario, deseo que sea criado(a) por la madre, con todo el amor, la estabilidad y el cuidado que ella pueda darle.
Lo que propongo es algo muy diferente a lo que hacen en las clínicas de fertilidad, donde el semen del hombre se dona y tanto la mujer como el niño jamás pueden conocer la identidad del padre biológico. En mi caso, no quiero que sea así. Creo profundamente que todo niño tiene derecho a saber de dónde viene, a conocer su origen y, si así lo desea, poder comunicarse con su padre biológico.
Por eso, lo que propongo no es una donación anónima, sino un acto consciente, humano y lleno de respeto. Un acuerdo claro, donde quede establecido que el niño(a) será criado con la madre, pero siempre con la posibilidad de saber quién soy y de tener, si la vida lo permite, un vínculo real y sincero conmigo.
No busco derechos ni disputas, solo el bienestar del niño(a) y la tranquilidad de que crezca en un entorno de amor y verdad.